El ghermano (Heil!) Augusto

Roma es admirada como un modelo de civilización con un alto nivel cultural, y es cierto, pero, aparte de este hecho innegable, si tuviéramos en cuenta otros factores, también tendríamos la misma actitud benevolente hacia los hijos del Tíber?


El ghermano (Heil!) Augusto...


La Loba Capitolina dio de mamar a dos gemelos, Rómulo y Remo, o Romulus y Rhemus, hijos de Júpiter y Rhea Silvia, y ambos dieron lugar a la leyenda, al mito. Para empezar, es una historia cainita de auto aniquilación. Romulus significa "hijo de Roma", y Roma es la evolución latinizada del río Rhemus, que por otra parte es como se llama el hermano-padre de Romulus. La leche de la Loba, la Lupa Capitolina, sería el agua que da de beber tanto a los miembros de las antiguas tribus del Septimontium, que unidas darán lugar a Roma, como la semilla de la destrucción posterior de la Liga Latina, de la que Roma formaba parte, para empezar su expansión por toda Italia hasta rebasar sus fronteras y conquistar parte del mundo.

Roma se convirtió en una república ambiciosa, y después en un Imperio. E Imperio, Imperium, hace referencia al poder militar de un líder sobre sus soldados, a un gobierno militar y conquistador sobre una región geográfica más o menos amplia, en actitud conservadora, expansiva, defensiva u ofensiva, de dicho territorio.

Andando los siglos, sugiero que tratemos de la figura de otro Emperador europeo, posterior a Augusto y sus sucesores más o menos afortunados y profesionales en el cargo de dictador. Carlomagno practicó un imperialismo defensivo, tras su coronación como emperador en Roma el año 800. Es decir, como pueblo germánico que era en una Europa de tiburones y con el riesgo de golpes de estado por parte de su propia nobleza (no olvidemos como llegó al poder Pipino El Breve), Carlomagno usó el peligro en sus fronteras de las constantes invasiones de pueblos vecinos sobre sus dominios como un modo de calmar las ansias de tierras de su nobleza, y así de paso tenerlos distraídos y fieles a su persona. 

Dos emperadores separados por muchos siglos de distancia y procedencia étnica y geográfica, pero ambos padres e hijos de una idea anterior a ellos (Augusto era un gobernante que basó su ideario político en el proceder de los monarcas helenísticos sucesores de Alejandro Magno y que lucharon entre sí en la Guerra de los Diádocos, pero ampliada y mejorada por Augusto y sus consejeros más cercanos) y cuyos sueños imperiales duraron mil años y una generación en el caso del uno y el otro.




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