Habaneras nacionales
Todas las sociedades evolucionan, ese es un hecho innegable. Reciben influencias exteriores por medio del comercio, incluso interiores por medio de sus comunidades locales, y evolucionan, al mismo tiempo que conservan y pierden su identidad.
Habaneras nacionales
Desde siempre se han dado intercambios de todo tipo entre las comunidades humanas, desde su cuna africana hasta la actualidad, y en un futuro, y eso implica que las sociedades evolucionan en uno u otro sentido eternamente. Si buscamos una verdad absoluta, cierta, es que el mito de una sociedad pura, de valores inamovibles es toda una mentira verdadera.
Intercambio de esposas con fines de estrechar lazos entre clanes de menor o mayor tamaño, de comida, de pieles, para afianzar alianzas y sobrevivir, intercambio de otros bienes a través del comercio natural o monetario tras la invención de la moneda o intercambio de ideas filosóficas, de ideas religiosas que han hecho, hacen y harán que el pensamiento humano no deje de caminar siempre adelante. O intercambios a otro nivel cuando, de modo inevitable, hallemos, al salir de nuestra cuna planetaria con seguridad, nuevas especies inteligentes... Puesto que creer que la Tierra es el único lugar del universo donde se ha dado la vida, como sea que pueda haber evolucionado dadas las condiciones del punto de origen de esta variante, es absurdo.
Intercambio de ideas culturales, de mezcolanzas de este y otro tipo. Y conflictos. De una cosa se deriva a la otra, necesariamente. Dos personas no pelean si una no quiere, dice el refrán, pero los roces pueden limarse o acusarse hasta destruir una relación o cimentar esta convivencia, y los roces, como las semejanzas de todo tipo, surgen de modo natural. Recordad que los animales herbívoros y los animales carnívoros son enemigos entre sí, se devoran unos a otros dada la dieta que necesita para sobrevivir cada especie, pero uno sin otro, el carnívoro sin el herbívoro, sería la causa de su extinción. O de carnívoros entre sí...
Los conflictos ante la evolución de una tradición determinada vienen dados de un modo natural, por el factor de la competencia entre habitantes de un lugar X, Y o Z. El nacionalismo cultural, y el nacionalismo político forma parte de la cultura de una región más o menos extensa con lo que lo incluyo dentro del cultural, busca una época dorada en la que una tradición X era pura, sin influencias externas de ningún tipo, y eso es pura fantasía que creen quienes no tienen en cuenta que las armaduras de los guerreros acorazados españoles del siglo XIII, por ejemplo, son productos nacidos de las usadas por los soldados bizantinos o que el estilo gótico en arquitectura no existiría sin las Cruzadas, puesto que nació tras el contacto de los cruzados con la arquitectura islámica. Y podríamos seguir por la imprenta, la pólvora, hasta el infinito.
Así pues, la lucha entre el tradicionalismo, que ve un tiempo determinado como algo idealizado, y las evoluciones culturales de todo tipo implica una ceguera muy aguda. No se tiene, por parte de los puristas de cualquier causa, en cuenta la eterna cadena de relaciones culturales de toda índole que se han dado en un lugar X, por muy aislado que esté por múltiples razones, con sus vecinos de modo fortuito o intencionado. Otra cosa es el porcentaje nativo e importado que haya en un mestizaje de cualquier naturaleza en un hecho determinado, si constituye un motivo de equilibrio o de desequilibrio ligero o severo.
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