Martes
Mariano José de Larra es eterno, por el hecho de que los males de la sociedad que combate en sus artículos son como el Viejo Topo, la idea política más antigua y moderna de la Humanidad.
Martes
Larra es una leyenda, sus artículos criticando la pereza, la inutilidad o el patrioterismo pasan de generación en generación tan vivos como en el tercer decenio del siglo XIX. Vivió en una época complicada, una serie de guerras civiles recurrentes en una España en crisis, indecisa entre el liberalismo y la tradición política absolutista, víctima de las revoluciones hijas de la influencia napoleónica en diversos países, de las consecuencias de la Guerra del Francés y de un sistema político en crisis con monarcas inhábiles y en lucha consigo mismo.
Además de ésto, Larra fue víctima de unas experiencias vitales que lo marcaron dramáticamente, sobre todo en el amor, para muy mal o peor. Hijo de una época misógina, no podía escapar del mundo que lo rodeaba, y así, unido el uno y el otro hecho, Larra tiene la visión de las mujeres que tiene, aunque no sea tan feroz como parece al respecto del género femenino. En general, Larra es más o menos radical con absolutamente todo, y en mucha mayor medida que con el resto de temas y colectivos, con el pueblo humilde. Político frustrado, sumó esta decepción a las ya acumuladas para explotar finalmente en su suicidio.
Escritor de tantos o más nombres ficticios que un santoral cristiano, no se puede negar la influencia francesa en sus artículos. De hecho, algunos de ellos son modificaciones más o menos propias de artículos franceses, como en el caso de Una Primera Representación, por ejemplo. Ello no obsta para que les dé un carácter propio, adaptado a las condiciones distintivas de la España convulsa que le tocó sobrevivir. E incluso reniega de Francia en varios artículos, la critica, o la ensalza según lo considere justo.
Larra es inmortal, y se podría escribir un libro entero sobre sus influencias, motivos, carácter, visión de la vida, motivos de su muerte, relaciones con la sociedad, etcétera. La bala que acabó con su vida lo encumbró a los altares del protestantismo social, convirtiéndolo en un apóstol del cambio en un mundo que por mucho que evolucione, "si mona era, mona se queda".
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