Perdido en el laberinto
La confusión es uno de los peores estados por los que puede pasar una persona, a mi parecer. No me refiero sólo a la confusión de distancias, de sentidos, tan sólo, sino a la confusión de pensamientos, sentimientos, opciones, deseos y pesadillas.
Perdido en el laberinto
La confusión no permite ver con claridad ni la puerta abierta enfrente nuestro. Está completamente abierta, nos invita a escapar de nuestra prisión y aún desconfiamos a que lleve a otra celda, a la horca, o que sea pintada, falsa, en la piedra, o una ventana sobre un foso. Puede llegar un momento en el que la desesperación llegue a ser intensa que "nos llame el azul", como le sucedía a los reos de las celdas de cielo de Juego de Tronos.
Llegado a éste punto podemos correr tras cada oportunidad que nos ofrezca la salvación, y que nos pueden desquiciar. Cada una hacia un lugar distinto, norte, sur, este y oeste al mismo tiempo, buscando la salvación dónde podamos, es decir, en ningún lugar. Los primeros guías debemos aprender a ser nosotros mismos, los agentes estabilizadores debemos ser nosotros mismos, puesto que si elegimos a alguien del exterior con esa misión, por naturaleza sólo encontraremos la decepción como resultado de esta resta...
Y la decepción continua con éste y otro detalle sólo conlleva a una confusión más y más profunda, provocando más ceguera aún, más búsqueda de seguridad en el exterior, más... Nada. Y la Nada en conflicto consigo mismo, por hallar la salida del laberinto, alimenta todavía más la necesidad de... De qué? De Todo... de Nada.
Y la pesadilla continúa...
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